3. ¡Oh poderosísimo Dios de Israel y amigo defensor de las almas fieles! Mira la fatiga y el sufrimiento de tu siervo y asístele en todas las obras que lleve a cabo. Fortaléceme con vigor celestial para que no me dominen el hombre viejo ni la carne miserable, no sometida plenamente al espíritu, y otórgame la gracia de luchar contra ella mientras viva en este mundo.