2. Llora y duélete amargamente por ser todavía tan carnal y mundano, tan poco mortificado frente a las pasiones y tan propenso a secundar los impulsos de las malas inclinaciones.
Duélete de ser tan poco diligente en mortificar los sentidos exteriores y tan alocado en correr tras las vanas imaginaciones, tan fuertemente inclinado hacia las cosas materiales y tan negligente para las espirituales; tan fácil a la risa y a la disipación y tan duro para el llanto y la compunción; tan pronto para seguir la relajación y las comodidades materiales y tan perezoso para abrazar una vida austera y fervorosa.