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domingo, 13 de abril de 2014

Abril 13

       5. Por eso decía uno de los profetas al sentir la presencia de la gracia: Yo dije en mi abundancia: no seré removido jamás (Sal. 29, 7). Pero, al ausentarse la gracia, añade lo que experimentó diciendo: Me escondiste tu rostro y caí en la turbación (Sal. 29,8). Pero no desespera y con mayor insistencia pide a Dios y le dice: Clamaré a ti, Señor; elevaré mis plegarias a Dios (Sal. 29,9).
       Y al fin alcanza el fruto de su oración y confiesa haber sido oído, y exclama: El Señor me ha oído, y tuvo misericordia de mí; el Señor es mi defensor (Sal. 29, 11). ¿En qué consistió la ayuda? Expresa: Cambiaste mi llanto en gozo y me llenaste de alegría (Sal. 29, 12).