CAPÍTULO 2
HUMILDE
APRECIO DE SI MISMO
1. Todo hombre, por naturaleza,
desea ser erudito. Pero, ¿qué importa la ciencia sin el temor de Dios?
Ciertamente vale mucho más un humilde campesino que sirve a Dios que un
filósofo soberbio que descuida a sí mismo e investiga las leyes del universo.
El que se conoce bien se considera
de poco valor y no busca la aprobación de los hombres. Ante Dios, que me
juzgará por mis acciones, ¿de qué me aprovechará el poseer toda la ciencia del
mundo si no tengo caridad?