El varón recto halla bastante materia para dolerse y llorar. Sea que se considere a sí mismo y sea que mire a su prójimo, se da de que en esta tierra nadie vive sin tribulaciones. Y cuanto más severamente se mira, tanto mayor es su dolor.
Nuestros pecados y nuestras malas costumbres constituyen materia más que suficiente para una justa aflicción y una intensa compunción. Nuestras faltas nos enredan de tal forma que pocas veces nos permiten contemplar las cosas celestiales.
Nuestros pecados y nuestras malas costumbres constituyen materia más que suficiente para una justa aflicción y una intensa compunción. Nuestras faltas nos enredan de tal forma que pocas veces nos permiten contemplar las cosas celestiales.