CAPÍTULO 3
LA
ENSEÑANZA DE LA VERDAD
1. Feliz aquel que es adoctrinado
directamente por la verdad, así como ella es, y no por figuras y voces que
perecen, porque nuestra opinión y nuestro senido con frecuencia nos engañan y
son de corta mirada.
¿ A qué sirve una amplia y sutil
discusión acerca de cosas ocultas y oscuras por las cuales, en el juicio final,
no seremos considerados responsables si las hemos ignorado? Gran necedad es
descuidar lo útil y necesario para dedicarnos a las curiosidades y a lo
perjudicial. Tenemos ojos y no vemos (cfr.
Jer. 5, 21).