4. El que ama, vuela, corre y se alegra porque se halla libre y sin ataduras. Da todo por el Todo y todas las cosas las posee en el Todo, porque, por encima de cualquier acontecimiento, descansa en el único bien, el Bien Supremo, del cual manan y proceden todos los bienes. No mira a los dones, sino que, por encima de ellos, se dirige al dador de los mismos.