3. Y es por eso, mi Dios, que, según el hombre interior, me complazco en tu ley (Rom. 7, 22), sabiendo que tus mandamientos son buenos, justos y santos y que nos invitan a rechazar todo mal y huir del pecado.
Sin embargo, con la carne me someto a la ley del pecado y obedezco más a los sentidos que a la razón. De donde hallo que el querer el bien está en mí pero su ejecución no (Rom. 7, 18).
Sin embargo, con la carne me someto a la ley del pecado y obedezco más a los sentidos que a la razón. De donde hallo que el querer el bien está en mí pero su ejecución no (Rom. 7, 18).