4. Señor, cuán necesaria me es tu gracia para empezar bien, continuarlo y terminarlo porque sin ella nada puedo hacer (cfr. Jn. 15, 5), mientras todo lo puedo en ti (cfr. Flp. 4, 13), si me robusteces con tu gracia.
¡Oh gracia verdaderamente celestial, sin la cual nada valen nuestros méritos y nada valen nuestros mismos dones naturales!
¡Oh gracia verdaderamente celestial, sin la cual nada valen nuestros méritos y nada valen nuestros mismos dones naturales!