2. Hay muchos que cuando las cosas no le suceden a su gusto se vuelven inquietos o negligentes. No siempre está en la mano del hombre determinar el propio camino. Solamente a Dios pertenece el dar y consolar cuando quiere, en la medida que quiere, a quien quiere, y en la forma que quiere.
Algunos incautos se perdieron por abusar del don de la oración, porque quisieron hacer más de lo que podían y, sin tener en cuenta la medida de su pequeñez, siguieron más el deseo de su corazón que el juicio de la razón.
Algunos incautos se perdieron por abusar del don de la oración, porque quisieron hacer más de lo que podían y, sin tener en cuenta la medida de su pequeñez, siguieron más el deseo de su corazón que el juicio de la razón.