3. ¡Oh, cuán poco y bajamente debo juzgarme a mí mismo! ¡En qué pobre consideración debo tener lo poco de bueno que tal vez haya hecho! ¡Oh, Señor! Cuán profundamente me debo anegar en el abismo de tus juicios donde encuentro que no soy otra cosa que nada, y aun menos que nada. Es cosa grande, que supera toda medida; es un océano insondable en el cual no hallo de mi otra cosa una nada total. ¿Por qué entonces me enorgullezco tanto? ¿Por qué confío tanto en mi virtud? Toda vanagloria debe anegarse en la profundidad de los juicios que tú tiene acerca de mí.