2. Aunque tengas todos los bienes creados, no puedes ser feliz y bienaventurada, porque toda tu plenitud y felicidad está en Dios, creador de todas las cosas.
Tu felicidad no es como la que consideran y admiran los necios amigos del mundo, sino como la que esperan los buenos y fieles discípulos de Cristo; la que pregustan, a veces, aquellos que viven de espíritu y son de corazón puro, cuya conversación está en los cielos (Flp. 3, 20).
Tu felicidad no es como la que consideran y admiran los necios amigos del mundo, sino como la que esperan los buenos y fieles discípulos de Cristo; la que pregustan, a veces, aquellos que viven de espíritu y son de corazón puro, cuya conversación está en los cielos (Flp. 3, 20).