2. Porque tú, Señor y Dios mío, eres perfectísimo, tú sólo Altísimo, tú solo potentísimo, tú solo sufientísimo y completísimo, tú solo hermosísimo y amorosísimo. Tú solo eres bellísimo y amantísimo, tú solo nobilísimo y gloriosísimo sobre todas las cosas; en ti se encuentran, sea han encontrado y siempre se encontrarán, total y perfectamente, todos los bienes.