A veces es tan abundante esta gracia que por efecto de la plenitud de la piedad que se efunde, no sólo el espíritu, sino también el débil cuerpo siente que le fueron otorgadas fuerzas mayores.
12. Por encima de todo debemos deplorar y llorar nuestra tibieza y nuestra negligencia porque nos impiden que nos acerquemos con mayor devoción a recibir a Cristo, en quien reside toda la esperanza y todo el mérito de la salvación.
12. Por encima de todo debemos deplorar y llorar nuestra tibieza y nuestra negligencia porque nos impiden que nos acerquemos con mayor devoción a recibir a Cristo, en quien reside toda la esperanza y todo el mérito de la salvación.