El verdadero y
mayor impedimento consiste en que somos esclavos de nuestras inclinaciones y de
nuestro deseos, ni nos esforzamos por entrar en la senda de la perfección, que
fue el camino de los santos. Más todavía: apenas encontramos una pequeña
contrariedad, en seguida nos desalentamos y buscamos satisfacciones terrenales.