5. Si cada año desarraigáramos un
vicio, pronto seríamos perfectos. Pero nos sucede con frecuencia lo contrario:
constatamos que fuimos mejores y más inocentes al principio de nuestra
conversión que después de muchos años de vida religiosa. El fervor y el
progreso espirituales deberían aumentar día tras día: sin embargo, hoy nos
parece un gran éxito conservar algo del fervor inicial. Si nos hubiéramos hecho
un poco de violencia al principio, habríamos podido realizarlos todo con
facilidad y alegría.