3. Los santos empleaban útilmente
todo su tiempo y todas las horas para darse a Dios les parecían cortas. Por el
gran deleite de la contemplación hasta se olvidaban de la necesidad de comer.
Renunciaban a todas las riquezas, dignidades, honores, amigos y parientes; nada
querían del mundo; apenas comían lo estrictamente necesario y se quejaban cuando
debían someterse a las necesidades materiales.