5. ¡Qué grande fue el fervor de
todos los religiosos al comienzo de su sagrada institución! ¡Cuánta devoción en
la oración! ¡Qué celo por practicar la virtud! ¡Qué disciplina! ¡Cuánta
sumisión y docilidad al superior había en todos! Las huellas que nos han dejado
dan testimonio que, de veras, fueron varones santos y perfectos y que, mediante
una lucha valiente, derrotaron al mundo.