3. Si, a veces, se omite un ejercicio espiritual acostumbrado por motivos de caridad o por ayudar al prójimo, esa falta fácilmente se podrá reparar más tarde. Pero si, habitualmente, se suprime por mala gana o negligencia, esto constituye una culpa y muy pronto se experimentará el daño de este descuido. Esforcémonos cuanto podamos porque, aun así, caeremos fácilmente en muchas faltas.