CAPÍTULO 6
INCLINACIONES
DESORDENADAS
1. Todas las veces que un hombre
desea algo contrario a la voluntad de Dios, inmediatamente pierde la
tranquilidad de espíritu. El soberbio y el avaro nunca están tranquilos: por el
contrario, el pobre y el humilde de corazón gozan de la serenidad de la paz.
El hombre que interiormente no es
mortificado cae fácilmente en la tentación y es vencido por cosas pequeñas y
viles.
El débil de espíritu y aún inclinado
a los deseos carnales y a los sentidos, difícilmente puede abstenerse del todo
de los anhelos terrenales. Cuando se sustrae a ellos, con frencuencia se
entristece y si alguien le contradice se enoja con prontitud.