CAPÍTULO 2
LA VERDAD HABLA INTERIORMENTE SIN MUCHAS PALABRAS
1. Habla, Señor, porque tu siervo escucha (1 Sam. 3, 10). Soy tu siervo, alumbra mi inteligencia para entender tus mandamientos (Sal. 118, 125). dame un corazón dócil para escuchar tus palabras y que ellas fluyan en mi alma como un rocío.
Decían una vez los hijos de Israel a Moisés: Háblanos tú y te escucharemos; que no nos hable el Señor, no sea que muramos (Ex. 20, 19).
No es esta, Señor, no es esta mi oración. Antes bien te pido con humildad y con ansia, a semejanza del profeta Samuel: Habla, Señor, porque tu siervo escucha (1 Sam. 3, 10).