viernes, 2 de mayo de 2014

Mayo 2

CAPÍTULO 2

 LA VERDAD HABLA INTERIORMENTE SIN MUCHAS PALABRAS

      1. Habla,  Señor, porque tu siervo escucha (1 Sam. 3, 10). Soy tu siervo, alumbra mi inteligencia para entender tus mandamientos (Sal. 118, 125). dame un corazón dócil para escuchar tus palabras y que ellas fluyan en mi alma como un rocío.
      Decían una vez los hijos de Israel a Moisés: Háblanos tú y te escucharemos; que no nos hable el Señor, no sea que muramos (Ex. 20, 19).
      No es esta, Señor, no es esta mi oración. Antes bien te pido con humildad y con ansia, a semejanza del profeta Samuel: Habla, Señor, porque tu siervo escucha (1 Sam. 3, 10).

      Que no me hablen Moisés ni ninguno de los profetas. Es mejor que me hables tú, Señor Dios, inspirador y alumbrador de todos los profetas, porque tú solo, sin ellos, me puedes instruir perfectamente, mientras que ellos, sin ti, de nada me servirían.




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