CAPÍTULO 5
EFECTOS MARAVILLOSOS DEL AMOR DIVINO
1. Te bendigo, Padre celestial, Padre de mi Señor Jesucristo, porque te has dignado acordarte de mí, pobre miserable.
¡Oh Padre de las misericordias y Dios de toda consolación! (2 Cor. 1, 3), gracias porque me llenas a veces de alegría a mí, indigno de todo consuelo. Te glorifico y siempre te bendigo por los siglos de los siglos en unión con el Hijo, tu Unigénito, y el Espíritu Santo Paráclito.