5. ¡Oh gracia muy bendita, que conviertes en lleno de virtudes al pobre de espíritu y en rico de muchos bienes al humilde de corazón! Ven, desciende a mí, cólmame desde la mañana con tus consuelos, para que mi alma no desfallezca de cansancio y aridez de espíritu.
Te suplico, Señor, que yo encuentre gracia a tus ojos. Tu gracia me basta (cfr. 2 Cor. 12, 9), aunque no obtenga nada de lo que la naturaleza desea. Mientras esté conmigo tu gracia, aunque sea tentado y angustiado por muchas tribulaciones, no tendré miedo de ningún mal.
Te suplico, Señor, que yo encuentre gracia a tus ojos. Tu gracia me basta (cfr. 2 Cor. 12, 9), aunque no obtenga nada de lo que la naturaleza desea. Mientras esté conmigo tu gracia, aunque sea tentado y angustiado por muchas tribulaciones, no tendré miedo de ningún mal.