Eres hombre, y no Dios; eres carne, y no de espíritu angélico. ¡Cómo podrías mantenerte siempre en un mismo estado de virtud cuando no lo estuvieron el ángel en el cielo ni el primer hombre en el paraíso?
Yo soy el que restituyo la dicha a los aflijidos (Job. 5, 11) y a los que reconocen su debilidad los elevo a las alturas de mi divinidad.
Yo soy el que restituyo la dicha a los aflijidos (Job. 5, 11) y a los que reconocen su debilidad los elevo a las alturas de mi divinidad.