No obra prudentemente el que se entrega totalmente a la alegría, olvidando su primitiva miseria y la pureza del temor de Dios que le debe ayudar a conservar la gracia recibida.
Tampoco entiende mucho de virtud el que en el tiempo de adversidad y de cualquier molestia se desanima excesivamente y no piensa ni espera en mí con la debida confianza.
Tampoco entiende mucho de virtud el que en el tiempo de adversidad y de cualquier molestia se desanima excesivamente y no piensa ni espera en mí con la debida confianza.