Aprende a padecer un poquito ahora para entonces librarte de lo muy grave. Haz primero la prueba aquí de lo que podrás tolerar después. ¿Si tan poco puedes sufrir ahora cómo podrás aguantar los tormentos eternos? Si una pequeña aflicción te causa impaciencia, ¿qué te producirá entonces el infierno? En verdad no puedes tener dos placeres al mismo tiempo: deleitarte en este mundo ahora y reinar con Cristo en el cielo después.
martes, 11 de marzo de 2014
domingo, 9 de marzo de 2014
Marzo 9
Debes tener cuidado y llorar tus pecados para que, en el momento del juicio, te encuentres con toda certeza entre los bienaventurados. En aquel día pues, los justos estarán con mucha seguridad frente a los que les han oprimido y los que menospreciaron sus fatigas (Sab. 5,1). Entonces, el que aquí se sometió humildemente al juicio de los hombres, se sentará para juzgar. El pobre y el humilde tendrán mucha serenidad, mientras que el orgulloso experimentará un pavor tremendo.
sábado, 8 de marzo de 2014
Marzo 8
El hombre será más castigado en lo que más ha pecado. Allá los perezosos serán estimulados con aguijones ardientes y los golosos serán atormentados por una horrorosa hambre y sed. Allá los lascivos y amantes de deleites terrenales serán rodeados de brea ardiente y hediondo azufre y los envidiosos aullarán de dolor como perros rabiosos.
viernes, 7 de marzo de 2014
Marzo 7
2. Un grande y beneficioso purgatorio tiene aquí el hombre sufrido; el que, al recibir las injurias más le duele la maldad del ofensor que la afrenta recibida; el que, alegremente, ruega por sus adversarios y les perdona con facilidad los ultrajes que le han inflijido; el que no demora en pedir perdón y que es más pronto a olvidar que a enojarse; el que, con frecuencia, se hace violencia a sí mismo para someter la inclinación natural al espíritu.
jueves, 6 de marzo de 2014
Marzo 6
CAPÍTULO 24
JUICIO Y PENAS DE LOS PECADOS
1. En todo tu obrar ten siempre presente el fin y cómo comparecerás ante el juez supremo a quien nada es oculto y que no se ablanda con regalos ni admite excusas sino que sentenciará según justicia (cfr. Is. 11, 4).
¡Miserable y pobre pecador! Tú que a veces te achicas frente a un hombre de cara enojada, ¿qué responderás a Dios que conoce perfectamente todas tus malas obras? ¿Porqué no te preparas para el día del juicio, para ese día en el cual no habrá quien te defienda o interceda por ti porque cada cual tendrá bastante que hacer con su propia carga?
Solamente ahora ti trabajo es meritorio, sólo ahora tu llanto es aceptable, tu gemido escuchado y tu arrepentimiento satisfactorio y purificador.
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