miércoles, 5 de febrero de 2014

Enero 20


CAPÍTULO 10


ABSTENERSE DE LAS CONVERSACIONES INÚTILES

1. En lo posible, no te metas en el bullicio de los hombres, porque la práctica de los asuntos mundanos, aunque se haga con pureza de intención, ocasiona mucho mal y muy pronto la vanidad nos arrastra y nos esclaviza. ¡Cuántas veces hubiera preferido callar y no haber estado entre la gente!

Enero 19


2. Es verdad que cada uno prefiere obrar a su antojo y que elije las personas que opinan como él. Pero si queremos que Dios esté entre nosotros, es necesario abandonar a veces nuestro parecer por amor a la paz.
¿ Hay persona tan docta que lo sepa todo? No debes, pues confiar demasiado en tus impresiones, sino escuchar atentamente también la opinión de los demás. Aunque tu punto de vista fuera exacto, si, por amor a Dios, lo abandonas para seguir el ajeno, sacarás mucho provecho para tu alma.

Enero 18


CAPÍTULO 9


OBEDIENCIA Y SUMISIÓN

1.  Cosa muy valiosa es estar sujetos, vivir sometidos a un superior y no disponer de sí mismo. Es más seguro obedecer que mandar. Muchos están sometidos más por fuerza que por amor y por eso sufren y critican con toda imprudencia. Jamás llegarán a la libertad de espíritu si su sumisión no procede de los profundo del corazón y si no está arraigada en Dios.
     Aunque tú andes de un lado para otro, no hallarás la paz sino en la humilde sujeción de un superior que te guíe. El soñar continuamente el cambio de lugar ha engañado a muchos.

martes, 4 de febrero de 2014

Enero 17


CAPÍTULO 8


COMO EVITAR LA EXCESIVA FAMILIARIDAD

1. No descubras tu corazón a cualquiera (Eclo. 8, 19). Tus problemas trátalos con quien posea la sabiduría y el temor de Dios.
Conversa poco con los inexpertos y los desconocidos. No adules a los ricos, ni te gustes mostrarte entre grandes. Únete con los humildes y los sencillos, con los piadosos y los virtuosos, y con ellos trata de argumentos que favorezcan  tu santificación. No tengas familiaridad con ninguna mujer, pero encomienda a Dios todas las mujeres buenas. Esfuérzate en vivir únicamente unido a Dios y a sus ángeles y evita el ser conocido de los hombres.

Enero 16



No te ensoberbezcas por la gallardía y la hermosura del cuerpo que pueden perderse o afearse por una pequeña enfermedad.
No te engrías por tu habilidad o talento para no desagradar a Dios al cual pertenece todo lo que de bueno te dio la naturaleza.
3. No te estimes mejor que otros para que no seas, quizás, considerado peor ante Dios que sabe lo que hay en el hombre (cfr. Jn. 2, 25). No te enaltezcas por tus buenas obras porque los juicios humanos son muy distintos de los de Dios, al cual, muchas veces, desagrada lo que a los hombres agrada. Si algo bueno tuvieres, para conservar la humildad, piensa que otros son mejores. No hay nada malo en considerarte por debajo de todos; muy dañino, en vez, es anteponerte aunque fuera a una sola persona.
En el humilde hay paz indefectible y en el corazón del soberbio continua envidia e inquietud.