miércoles, 5 de febrero de 2014

Enero 25

CAPÍTULO 12


Ventajas de las adversidades

1.Es cosa buena para nosotros encontrar, de vez en cuando, dificultades y contrariedades porque hacen que el hombre recapacite sobre sí mismo y, en lo más íntimo, comprenda que es un desterrado y que su esperanza no debe fundamentarse en ninguna cosa de este mundo.

Enero 24



5. Si cada año desarraigáramos un vicio, pronto seríamos perfectos. Pero nos sucede con frecuencia lo contrario: constatamos que fuimos mejores y más inocentes al principio de nuestra conversión que después de muchos años de vida religiosa. El fervor y el progreso espirituales deberían aumentar día tras día: sin embargo, hoy nos parece un gran éxito conservar algo del fervor inicial. Si nos hubiéramos hecho un poco de violencia al principio, habríamos podido realizarlos todo con facilidad y alegría.

Enero 23



      El verdadero y mayor impedimento consiste en que somos esclavos de nuestras inclinaciones y de nuestro deseos, ni nos esforzamos por entrar en la senda de la perfección, que fue el camino de los santos. Más todavía: apenas encontramos una pequeña contrariedad, en seguida nos desalentamos y buscamos satisfacciones terrenales.

Enero 22


CAPÍTULO 11


PAZ INTERIOR Y PROGRESO ESPIRITUAL

1. Podríamos gozar de mucha serenidad si no nos metiéramos en los asuntos ajenos y en lo que otros dicen o hacen. ¿Cómo es posible que uno mantenga por largo tiempo la tranquilidad si se entromente en cuidados ajenos, si busca motivos de interés en exterioridades, si rara y sólo superficialmente se recoge en su interior? ¡Bienaventurados los sencillos porque tendrán mucha paz!

Enero 21


1. Sin embargo, casi siempre todo lo anterior es ilusorio e inútil, porque este gozo exterior es muy perjudicial al interior y divino.
Por eso hay que velar y orar para no gastar el tiempo inútilmente. Si se puede o se debe hablar, conviene decir cosas edificantes. Las malas costumbres y la negligencia en el progreso espiritual contribuyen mucho a no refrenar nuestra lengua. La devota conversación de temas espirituales favorecen sobremanera el adelanto del alma, tanto más cuando los que se unen en nombre de Dios son personas animadas de un solo propósito y de un mismo espíritu.