viernes, 6 de junio de 2014

Junio 6

       Algunas veces conviene reprimir el ímpetu, aun en las buenas decisiones y en los santos deseos, para no cansar tu espíritu por la importunidad del anhelo, para no causar escándalo a otros con tu indiscreción y para no entristecerte y sucumbir por el contratiempo a otros causado.
     3. Otras veces se necesita usar de fuerza y oponerse varonilmente a los apetitos, sin prestar atención a lo que la carne quiera o no quiera, aunque te cueste, para que esté más sujeta al espíritu. Habrá que castigarla, por lo tanto, someterla a la esclavitud del espíritu hasta que esté dispuesta a todo, hasta que sepa contentarse con lo poco, satisfacerse con lo sencillo y no murmurar contra lo amargo.

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