martes, 4 de noviembre de 2014

Noviembre 4

          5. ¡Oh, Dios mío! ¡Cuánto se esforzaron ellos para agradarte! ¡Cuán poco es, por otra parte, lo que hago yo! ¡Cómo es breve el tiempo que empleo para prepararme a comulgar! Rara vez estoy totalmente recogido y rarísima libre de toda distracción.
          En presencia de tu salvadora divinidad no debería, ciertamente, ocurrírseme ningún pensamiento que no fuera digno de ti y no debería dejarme dominar por criatura alguna, porque no es un ángel a quien voy a recibir en mi casa, sino al Señor de los ángeles.

       6. Sin embargo hay un abismo entre el arca de la alianza con todas las cosas santas que custodiaba y tu purísimo cuerpo con sus virtudes inefables; entre los sacrificios legales de entonces, imagen de los sacrificios futuros, y tu cuerpo, verdadera víctima, que completa todos los holocaustos antiguos.

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