jueves, 6 de noviembre de 2014

Noviembre 5

         7. ¿ Por qué, pues, no me inflamo más en tu presencia adorable? ¿Por qué no me preparo con mayor cuidado a nutrirme de tu santidad cuando considero que aquellos santos del Antiguo Testamento -patriarcas y profetas, reyes y príncipes, en unión de todo el pueblo- demostraron tan gran devoción y celo por el culto divino?
         8. El piadosísimo rey David bailó con toda su fuerza delante del arca de Dios, mientras rememoraba los beneficios hechos por Dios a los patriarcas en tiempos pasados. Hizo construir instrumentos musicales de varias clases, compuso salmos y dispuso que se cantaran con alegría y aun él mismo los cantaba frecuentemente, acompañándose del arpa, inspirado por la gracia del Espíritu Santo; enseñó además al pueblo de Israel a ensalzar al Señor con todo el corazón y a juntar sus voces para bendecir y celebrar el nombre de Dios todos los días.

      Si en aquel entonces se vivía en tan alto grado de devoción y si de aquel tiempo todavía queda el recuerdo de las alabanzas tributadas a Dios ante el arca de la Alianza, ¿cuánta piedad y cuánto respeto no debe inspirarme a mí, y a todo el pueblo cristiano, la presencia del Sacramento y la recepción del santísimo Cuerpo de Cristo?

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