Los hombres buscan una miserable ganancia y, algunas veces, disputan vengozosamente entre ellos por una moneda. Por algo que no vale nada y por una pequeña promesa no tienen miendo de trabajar de día y de noche.
4. Pero, ¡qué dolor! Por el bien eterno, por el premio interminable, por la honra suprema y la gloria sin fin, ¡cómo son de flojos! ¡Qué pereza para no fatigarse un poco!
Avergüénzate, por tanto, siervo holgazán y quejumbroso, de que los mundanos se hallen más dispuestos para la perdición que tú para la salvación. Gozan más ellos con la vanidad que tú con la verdad.
Algunas veces les resulta frustrada su esperanza, pero mi promesa nunca falla a nadie, ni deja irse con las manos vacías al que confía en mí. Daré lo que prometí, cumpliré con lo pactado, pero sólo con el que persevere fiel en mi amor hasta el fin.
4. Pero, ¡qué dolor! Por el bien eterno, por el premio interminable, por la honra suprema y la gloria sin fin, ¡cómo son de flojos! ¡Qué pereza para no fatigarse un poco!
Avergüénzate, por tanto, siervo holgazán y quejumbroso, de que los mundanos se hallen más dispuestos para la perdición que tú para la salvación. Gozan más ellos con la vanidad que tú con la verdad.
Algunas veces les resulta frustrada su esperanza, pero mi promesa nunca falla a nadie, ni deja irse con las manos vacías al que confía en mí. Daré lo que prometí, cumpliré con lo pactado, pero sólo con el que persevere fiel en mi amor hasta el fin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario