viernes, 30 de mayo de 2014

Mayo 30

CAPÍTULO 9
 
DIRIGIRLO TODO A DIOS, COMO A ÚLTIMO FIN.
 
       1. Hijo, si deseas ser dichoso de verdad, yo debo ser tu supremo y último fin. Con este propósito se purificará tu deseo que muchas veces se inclina torcidamente hacia sí mismo y hacia las criaturas.
       Si en algo te buscas a ti, pronto desfalleces y y te paralizas. Todo atribúyelo únicamente a mí, que soy el lo ha dado todo.
       Considera, por lo tanto, todas las cosas como venidas del Sumo Bien y, por eso, todas deben ser dirigidas a mí como a su único principio.
       2. De mí sacan agua viva, como de fuente generosa, el pequeño y el grande, el pobre y el rico, y los que me sirven desinteresada y libremente recibirán gracia tras gracia.
      Pero el que quiere buscar su gloria fuera de mí, o deleitarse en algún bien terrenal, no será confirmado en la verdadera alegría ni tendrá gozo en su corazón porque padecerá múltiples obstáculos y angustias.

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