sábado, 2 de agosto de 2014

Agosto 2

        ¡Ojalá que así te hubiera acontecido y hubieras llegado al punto de no amarte a ti mismo y estar dispuesto a cumplir únicamente mi voluntad y la de la persona que te he dado como padre espiritual! Entonces me agradarías sobremanera y toda tu vida transcurriría en gozo y paz.
      Todavía tienes que abandonar muchas cosas y si no las renuncias en su totalidad no alcanzarás lo que pides.
      Para enriquecerte, te aconsejo que me compres oro purificado en el fuego (Ap.3, 18), es decir, la sabiduría celestial que aplasta todo lo que es vil. Pospón a ella la sabiduría terrenal y toda humana complacencia en ti mismo.
      3. Mi invitación es que tú, en lugar de lo que es considerado precioso e importante en este mundo, adquieras lo que es menospreciado: la verdadera sabiduría que viene de lo alto y que aquí es muy desdeñada por pequeña y por ser casi totalmente olvidada. Esa sabiduría no presume de sí misma ni quiere ser enaltecida en la tierra. Muchos, de palabras, la ensalzan; pero, de hecho, viven lejos de ella. Sin embargo ella es una perla valiosa, aún desconocida para tantos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario