lunes, 29 de septiembre de 2014

Septiembre 29

         2. Señor, ¿qué he realizado yo para merecer algún consuelo celestial? No recuerdo haber efectuado nada de bueno, sino que he sido siempre inclinado a los vicios y tardo en enmendarme.
      Esta es la verdad y no la puedo negar. Si afirmara otra cosa tú te pondrías en contra de mí y ya no habría nadie que me pudiera defender.

      ¿Qué he merecido por mis pecados, sino el infierno o el fuego eterno? Lo confieso con toda franqueza: soy merecedor de toda confusión y de todo desprecio e indigno de pertenecer al número de tus devotos. Y aunque me apene el decirlo, por amor a la verdad, daré testimonio contra mí, acusándome de mis pecados, para alcanzar con mayor facilidad tu misericordia.
      3. ¿Qué te diré yo, culpable como soy y lleno de vergüenza? No tengo atrevimiento sino para decir: he pecado, Señor, he pecado, ten piedad de mí, dame tu perdón. Déjame llorar por un tiempo mi dolor, antes que me vaya a aquella tierra tenebrosa y cubierta de las sombras de la muerte (Job 10, 20-21).

No hay comentarios:

Publicar un comentario