viernes, 6 de junio de 2014

Junio 6

       Algunas veces conviene reprimir el ímpetu, aun en las buenas decisiones y en los santos deseos, para no cansar tu espíritu por la importunidad del anhelo, para no causar escándalo a otros con tu indiscreción y para no entristecerte y sucumbir por el contratiempo a otros causado.

jueves, 5 de junio de 2014

Junio 5

        CAPÍTULO 11

EXAMINAR Y MODERAR LOS DESEOS DEL CORAZÓN
 
        1. Hijo, todavía debes aprender muchas cosas que no has entendido bien.
        ¿Cuáles son, Señor?
        Que orientes todo tu deseo sólo según mi voluntad y que no te ames a ti mismo, sino que tengas verdadero celo por cumplir lo que a mi me agrada. Muchas veces los deseos ardientes te excitan y te empujan a obrar con vehemencia, pero considera si te mueves más por mi honra que por tu provecho.
        Si yo soy la razón de tus acciones, te contentarás con cualquier resultado. Pero si ellas tienen escondido algo de amor propio, eso será lo que te entorpecerá y retardará.

miércoles, 4 de junio de 2014

Junio 4

          5. Gran honor y gloria eminente es servirte y despreciar todas las cosas por tu amor.
       Los que voluntariamente se sometan a tu Santísima Voluntad tendrán ciertamente una gran recompensa. Los que por tu amor desprecien todo deleite terrenal, encontrarán los dulcísimos consuelos del Espíritu santo, y los que entren por el camino estrecho de tu amor y desechen todos los cuidados mundanos, conseguirán una gran libertad de espíritu.

martes, 3 de junio de 2014

Junio 3

           3. Todas las cosas que tengo y con las que te sirvo son tuyas. Pero, en realidad, sucede que tú sirves más a mí que yo a ti.
       El cielo y la tierra que tú creaste para el servicio del hombre están prontos a obedecerte y hacen todos los días lo que les mandas. Mas esto es poco todavía, y creaste los ángeles para que ayudaran al hombre.
       Pero, lo que más supera todo lo anterior es que tú mismo te dignaste servir al hombre y le prometiste entregarte a ti mismo.

lunes, 2 de junio de 2014

Junio 2

           2. ¡Oh fuente de amor perenne! ¿Qué diré de ti? ¿Cómo podré olvidarme de ti que te dignaste acordarte de mí aun después de haberme yo extraviado y perecido? Más allá de toda esperanza tuviste misericordia con tu siervo y, más allá de todo merecimiento, me diste tu gracia y amistad. ¿Qué daré yo por tanto favor? Porque no a todos se concede que, abandonadas todas las cosas, renuncien al mundo y abracen la vida religiosa.
       ¿Acaso hago algo grande en obedecerte cuando toda criatura está obligada a servirte?
       No me debe parecer mucho el prestarte servicio; lo que sí me parece grande y maravilloso es que tú te dignes recibir por hijo tuyo y contar entre tus siervos favoritos a un hombre tan pobre e indigno como soy yo.