4. Que mis suspiros y la gran desolación sobre la tierra te conmuevan. Oh Jesús, resplandor de la eterna gloria, alivio del alma peregrinante, en tu presencia mi boca no tiene palabras y mi silencio te habla.
¿Cuánto tiempo tardarás en venir, mi Señor? Ven a visitar a este pobre tuyo y llénalo de alegría. Extiende tu mano y libra a este miserable de toda angustia.
Ven, ven. Sin ti no hay día ni hora alegre, porque tú eres mi alegría y sin ti mi mesa está sola.
¿Cuánto tiempo tardarás en venir, mi Señor? Ven a visitar a este pobre tuyo y llénalo de alegría. Extiende tu mano y libra a este miserable de toda angustia.
Ven, ven. Sin ti no hay día ni hora alegre, porque tú eres mi alegría y sin ti mi mesa está sola.